En el Umbral del Siglo 21: Elie Wiesel

Elie Wiesel nació en Rumanía en 1928. Todavía muy niño fue deportado junto con su familia al campo de concentración Nazi en Auschwitz, y luego a Buchenwald, en donde perecieron sus padres y su pequeña hermana. Wiesel encontró una misión en los horrores que presenció en los campos de concentración: ser la memoria del mundo. Sus libros y conferencias tienen ese propósito fundamental, evitar que la humanidad olvide la tragedia universal del holocausto con la esperanza de que así no se reviva.

Ese testimonio empieza es su renombrado libro La Noche. "Nunca olvidaré esa noche", escribe, "la primera noche en el campo que ha transformado mi vida en una larga noche, maldecida siete veces y siete veces sellada. Nunca olvidaré aquel humo. Nunca olvidaré los pequeños rostros de los niños, cuyos cuerpos vi transformarse en coronas de humo bajo un cielo azul silencioso. Nunca olvidaré aquellas llamas que consumieron mi fe para siempre. Nunca olvidaré el silencio nocturno que me privó, por toda la eternidad, del deseo de vivir. Nunca olvidaré aquellos momentos que asesinaron mi Dios y mi alma, convirtiendo en polvo mis sueños. Nunca olvidaré estas cosas, aœn si estuviera condenado a vivir por tanto como Dios mismo. Nunca."

Pero la amargura evidente de un testigo directo de los crímenes más atroces contra la humanidad cedería en el tiempo a una disposición resignada, en la que hubo cabida para un reencuentro con Dios y una renovación de su fe. El paso del tiempo y el éxito de su misión le ofrecerían el consuelo de la justificación para tanto sufrimiento. En las palabras de Fran?ois Mauriac, prologuista de La Noche, "Sion se ha elevado otra vez de los crematorios y los mausoleos. La nación Judía ha sido resucitada de entre sus miles de muertos. Es a través de ellos que vive otra vez. Desconocemos el valor de una sola gota de sangre, una sola lágrima. Todo es gracia. Si El Eterno es El Eterno, la œltima palabra para cada uno de nosotros pertenece a El." Aquí encontró Wiesel su razón de ser, y ha vivido fielmente a ella desde entonces.

Wiesel nos recuerda que este siglo ha sido de violencia y de guerras, más de setenta y dos de ellas mundiales, a lo largo de los œltimos 95 años. ÀAdonde hemos fallado? En nuestras actitudes: la indiferencia y la intolerancia que caracterizan al ser humano moderno. "No importa cómo puede ser el siglo XXI, pero que nunca sea como el siglo que acaba", pide Wiesel. Los horrores vividos no pueden ser olvidados, deben convertirse en el freno de los vientos de fanatismo que soplan en un momento u otro. Y es que a pesar de los extraordina-rios avances en lo social, lo científico y lo médico, que ha visto el siglo veinte, el mundo es seducido constantemente por la violencia y el odio.

Es por ello que Wiesel nos llama a no olvidar, a repudiar el camino fácil de la indiferencia que lleva a la insensibilidad. "Lo opuesto del amor no es el odio" dice Wiesel, "es la indiferencia." Nuestro paradigma moral, irrespectivamente de nuestro credo, debe exigirnos luchar contra la injusticia y la opresión, la discriminación y odio como parte de una vida recta. No basta con evadir estos problemas en nuestro vivir cotidiano. Se trata de luchar activamente contra ellos. Tolerar su existencia, por pequeña que sea la instancia, es abrir nuevamente una ventana de oportunidad al holocausto.

Wiesel vive de acuerdo con este paradigma. Su vida ha sido una lucha constante en contra de la hostigación, la discriminación, la tiranía y el racismo desde una perspectiva universal. Su lucha abarca desde la causa del Estado de Israel y la defensa de los judíos soviéticos hasta la protección de los misquitos de Nicaragua, los "desaparecidos" argentinos, los refugiados camboyanos y los curdos, las víctimas del apartheid y de la guerra serbo-bosnia. Por ende el Comité Nobel, al otorgarle el Premio Nobel de la Paz en 1986 dijo de Wiesel que era "uno de los más importantes líderes espirituales y guías en una era en que la violencia, la represión y el racismo continœan caracterizando al mundo... un representante convincente para la visión de la humanidad y para el humanitarismo ilimitado que en todo momento es necesario para una paz duradera y justa."

La labor de Wiesel abarca la rama literaria, académica y del activismo a diversos niveles de las esferas políticas, sociales y diplomáticas. Su prolífica obra incluye cerca de cuarenta libros, premiados en mœltiples ocasiones y traducidos a varios idiomas. Entre ellos se destacan Un mendigo en Jerusalén, ganador del Prix Médicis, El Testamento, galardonado con el Prix Livre, y El Quinto Hijo, ganador del Grand-Prix de Litt?rature de la Ville de Paris. La Noche (La Nuit), ha sido traducido a más de veinticinco idiomas desde su primera edición en 1958. Ha organizado una gran cantidad de conferencias internacionales entre las cuales se puede citar la denominada "De cara al siglo veintiuno: amenazas y promesas" organizada en París en 1988 con la participación de setenta y nueve laureados con el premio Nobel. Otros eventos incluyen "Anatomía del Odio", un ciclo de conferencias efectuadas en Boston, Haifa, Oslo, Moscœ y Nueva York, entre 1989 y 1992. Wiesel es Presidente de la Comisión Presidencial sobre el Holocausto y Presidente Fundador del Consejo del Memorial sobre el Holocausto de los Estados Unidos. Es Presidente Fundador de la Academia Universal de las Culturas, con sede en París, y pertenece a varias organizaciones de escritores e intelectuales como The Author's Guild y American Academy of Arts and Sciences. En el ámbito académico Wiesel ha sido profesor distinguido de estudios judaicos en la Universidad de la Ciudad de Nueva York, profesor invitado de humanidades y pensamiento social en la Universidad de Yale y desde 1976, profesor de humanidades, religión y filosofía en la Universidad de Boston.

En lo personal Wiesel es un hombre humilde a pesar de su grandeza, modesto a pesar de su erudición, alegre a pesar de su sufrimiento. Su tarea es difícil, no tanto por el esfuerzo de difundir su mensaje como por encontrar y llegar a una audiencia suficientemente grande que lo capte. Sin duda, los que en Costa Rica tuvimos la oportunidad de escucharlo gracias a CIAPA y la Cátedra Doris Z. Stone, nunca veremos el mundo con indiferencia. Al igual que Wiesel, haremos el voto de nunca olvidar.


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