Palabras del Dr. Constantino Urcuyo

Gracias Don Sam

Bienvenidos y Bienvenidas
Muy buenas noches.

Año 1973, me habían otorgado una beca, pero esta era insuficiente para hacer frente al costo de la vida en
Francia, y el decano se negaba a ayudarme para obtener la beca de la UCR, cobrándome mi trayectoria de
estudiante revoltoso.

El Director de Ciencias Políticas era un señor gringo con cara de buena gente y acababa de regresar de
Francia.  Había escuchado sus conferencias sobre la Dinastía de los Conquistadores y aunque no lo conocía
bien, me animé a visitarlo para pedirle ayuda.  Pensé que con media beca aprobada, le podría proponer un
buen negocio: incorporar un profesor nuevo, por la mitad del costo de su formación.

Me recibió amablemente y tuve su apoyo, que dura hasta hoy.  Su recepción fue cordial y activa, supongo
que hasta algún problema tuvo con aquel decano que no olvidaba mi participación en huelgas estudiantiles.

Finalmente, me fui a Francia con un préstamo, pues la ojeriza del funcionario impidió el acceso a la beca,
a pesar de los esfuerzos del afable Director de Ciencias Políticas.

Luego de nueve meses en Bordeaux, decidí probar suerte en París.  Con el primer año aprobado, le escribí
al señor macho que hablaba como tico y se lucía en Francés, solicitándole mediara para matricularme en París.

De nuevo tuve su apoyo, después de un agradable almuerzo en el Hotel Lutetia, frente al hermoso Boulevard
Raspail rodeados de Art Deco, entre sabrosas ostras y mejor vino blanco, me comunicó que el profesor Bourricaud aceptaba dirigir mis estudios.

Con entusiasmo regresé al Sur, cogí mis bártulos, abandoné la humedad del Garona y me instalé en París, Rue Monge para vivir una experiencia personal y académica que me transformó profundamente y que llevaré con alegría siempre.

Pasaron los años, terminé mi doctorado, regresé a Costa Rica, ante una situación difícil en la Escuela de Ciencias Políticas, los profesores me eligieron su director, otra vez estaba ahí con su voto el amigo, amable y gentil.

Continuamos nuestra relación, ahora como colegas, hice todo lo posible para que continuara enseñando en la universidad, pero decidió retirarse para continuar investigando y escribiendo, una gran pérdida para la docencia universitaria.

Seis años después me llamó para ofrecerme que ingresara a esta institución, cosa que acepté con gran ilusión, pues significaba la oportunidad de dedicarme a investigar y escribir, reduciendo la pesada carga de cursos y tareas administrativas, sin tiempo para la reflexión y la creación.

Estos veintiún años en CIAPA han sido tiempos felices de reflexión, producción intelectual y camaradería.

Recuerdo el primer día que me senté en la oficina.  De pronto tocan a la puerta.
-Adelante, era el director, el jefe.
-Buenas tardes Tino, ¿puedo pasar?, -¿no te incomodo?, -¿me puedo sentar?
-Desde luego que si,
¡Que extraño, el jefe pidiendo permiso para sentarse!,
¡Que señor más educado y sin petulancia alguna.

Años después obtuve una beca Fullbright y su ayuda de nuevo fue decisiva para disfrutar de una experiencia enriquecedora en Tulane y en Washington.

Recientemente, me pidió asumir la Dirección de CIAPA, y desde entonces me esfuerzo por seguir su trayectoria de excelencia académica y pluralismo ideológico.

Bonhomia, buena educación, amistad han caracterizado estos años en CIAPA.  También respeto por mis opiniones y por mis actividades ajenas a la institución.

Siempre agradezco a la vida por haberme topado con este mentor.

He investigado, escrito, leído, reflexionado y crecido intelectualmente gracias en gran parte a este hombre amable que creyó en un carajillo rebelde de veintiún años.

De nuevo gracias Don Sam.

Para continuar dándole gracias, seguiremos conversando sobre su vida y su contribución a las Ciencias Sociales costarricenses.

Tiene la palabra don Rodolfo Cerdas.

 


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